Guerra fría polar: China avanza en el Ártico mientras Occidente desconfía de sus intenciones.
El rompehielos chino Xuelong 2 completó en septiembre su mayor expedición ártica, con cien científicos y la primera inmersión tripulada bajo el hielo. Un mes después, un portacontenedores chino cruzó la Ruta del Mar del Norte en solo 20 días, la mitad del tiempo que tardaría por el Canal de Suez. Pekín celebró estos hitos como logros históricos, pero en febrero, durante conferencias en Tromso (Noruega), los investigadores chinos evitaron mencionar la «ruta de la seda polar», su ambicioso plan de 2018 para desarrollar infraestructura y minería en la región.
De la ambición a la discreción: ¿Por qué China frena su discurso ártico?
La cautela china responde a un cambio geopolítico radical. La invasión rusa de Ucrania en 2022 transformó el Ártico en un escenario de tensión militar. Países nórdicos, antes defensores de la cooperación pacífica, ahora priorizan la seguridad. La afirmación de Donald Trump sobre buques chinos cerca de Groenlandia —desmentida por Noruega— profundizó las sospechas. Aunque Pekín minimiza sus objetivos, Occidente teme que sus actividades científicas oculten fines militares, especialmente por su alianza con Rusia.
En 2018, China se autodenominó «estado casi ártico» y presentó sus planes como parte de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, un megaproyecto de US$1 billón para reconfigurar el comercio global. Prometió rutas marítimas más cortas y acceso a minerales estratégicos, pero ahora enfatiza su rol en la investigación climática. Zhang Beichen, subdirector del Instituto de Investigación Polar de China, ofreció en Tromso incluir a otros países en sus expediciones futuras, mientras acusaba a Occidente de «sobreproteger» sus actividades. Zhao Long, del Instituto de Estudios Internacionales de Shanghái, insistió en que China tiene «objetivos muy limitados» en la región.
Occidente responde: vigilancia y restricciones
Los países nórdicos y la UE no están convencidos. Kaja Kallas, jefa de política exterior de la UE, advirtió que China podría «convertir en armas» las rutas árticas y las cadenas de suministro de minerales. Suecia bloqueó en 2020 el acceso chino a una estación espacial ártica y abandonó el Centro de Investigación del Ártico China-Nórdico en 2023. Finlandia redujo proyectos conjuntos, y Dinamarca alertó en diciembre que China planea operar buques de guerra y submarinos en el Ártico en 5 a 10 años.
El primer ministro noruego, Jonas Gahr Store, reconoció que no hay evidencia de buques militares chinos en Groenlandia, pero confirmó que Rusia y China son las mayores amenazas de inteligencia para Noruega. Tras descubrir que investigaciones previas tenían posibles fines militares, Oslo intensificó la vigilancia. La estación china en Svalbard —única presencia científica de Pekín en Noruega— ha sido objeto de críticas por su nacionalismo y falta de transparencia.
La alianza con Rusia: el talón de Aquiles de China
El mayor obstáculo para Pekín es su relación con Moscú. Desde 2022, Rusia depende cada vez más de China por las sanciones occidentales, y ambos países colaboran en el desarrollo de la Ruta del Mar del Norte. Invierten en puertos, tecnología y formación, y una «flota en la sombra» de unos 90 barcos —muchos de ellos chinos— transporta petróleo ruso a China burlando las sanciones. Aunque ambos países insisten en que sus esfuerzos son «puramente civiles», Occidente sospecha que los datos recopilados —como temperatura y salinidad del agua— podrían usarse para operaciones submarinas o guiar misiles.
«No están estudiando a las focas ni a los osos polares», declaró en enero el general Alexus Grynkewich, máximo comandante de la OTAN en Europa. La cooperación militar entre China y Rusia en el Ártico se ha intensificado: en 2024 realizaron sus primeras patrullas costeras conjuntas y un vuelo de bombarderos estratégicos cerca de Alaska.
¿Qué sigue para China en el Ártico?
El fin de la guerra en Ucrania podría abrir una ventana para que China amplíe su influencia en el Ártico, reduciendo su dependencia de Rusia. Sin embargo, mientras Pekín mantenga su alianza con Moscú, Europa mantendrá una postura fría. La pregunta clave es si China logrará convencer al mundo de que sus intereses en el Ártico son científicos… o si Occidente seguirá viendo en cada expedición un paso más hacia el control militar de una región estratégica.








