Energía limpia: El mundo busca soluciones para almacenar excedentes de electricidad renovable cuando no hay sol ni viento.
Mientras las baterías de litio y las centrales hidroeléctricas dominan el mercado, una tecnología emergente apuesta por el aire líquido como alternativa más eficiente y escalable. En Carrington, Inglaterra, se construye la primera planta comercial del mundo, un proyecto que podría marcar un antes y después en la transición energética.
La instalación, desarrollada por Highview Power, utilizará aire comprimido y enfriado hasta licuarse para almacenar energía renovable excedente. Cuando la demanda supere la oferta, el aire se evaporará para accionar turbinas y generar electricidad. Aunque aún costosa, esta tecnología promete superar los límites de las baterías tradicionales.
La planta de Carrington almacenará 300 megavatios-hora, suficiente para abastecer a 480,000 hogares durante un corte de suministro.
El desafío de la intermitencia
Las energías renovables son clave para reducir emisiones, pero su naturaleza intermitente —sin sol o viento— genera riesgos para las redes eléctricas. Mientras los combustibles fósiles ofrecen suministro predecible, las renovables pueden causar excedentes o déficits que dañen la infraestructura.
El almacenamiento de energía es la solución: guarda excedentes para liberarlos cuando sea necesario. Shaylin Cetegen, ingeniera del MIT, destaca que, con el aumento de renovables, la capacidad de almacenamiento a escala de red se ha vuelto crítica.

La hidroeléctrica de bombeo, con 160 gigavatios de capacidad global en 2021, ha sido la opción tradicional. Sin embargo, las baterías a gran escala ganan terreno: en 2023 superaron los 85 gigavatios, con 40 gigavatios añadidos solo ese año.
El aire líquido, aunque menos conocido, es una tecnología con décadas de historia. Su proceso consta de tres etapas: limpieza del aire, compresión a alta presión y enfriamiento hasta licuarlo. Cuando se necesita energía, el aire se evapora para accionar turbinas, liberando electricidad a la red.
Eficiencia y ahorro energético
El sistema de aire líquido destaca por su eficiencia. Durante la compresión, el aire genera calor, que se reutiliza para optimizar el proceso. Sin recuperación térmica, la eficiencia ronda el 50%, pero con ella supera el 60%, acercándose al 70%, según Cetegen.

El principal reto es escalar la tecnología para acelerar la transición ecológica. La planta de Carrington, con entrada en operación en 2027, será un hito. Antes, en agosto de 2026, su turbina comenzará a estabilizar la red, evitando el uso de centrales de gas, una práctica costosa y contaminante.
Viabilidad económica: ¿dónde es rentable?
Un estudio del MIT evaluó la rentabilidad del aire líquido en 18 regiones de EE.UU.. En el escenario más ambicioso de descarbonización, solo Florida y Texas mostraron viabilidad económica. En otros casos, la falta de renovables en la red limitó su uso inicial.
Cetegen aclara que estos resultados no descartan la tecnología. Sus métodos fueron conservadores, y otras opciones, como la hidroeléctrica de bombeo o las baterías de litio, resultaron aún menos viables. El problema no es el aire líquido, sino la infraestructura actual.

El costo nivelado de almacenamiento del aire líquido es de US$45 por megavatio-hora, muy inferior a los US$120 de la hidroeléctrica de bombeo o los US$175 de las baterías de litio.
El futuro de las redes eléctricas
Richard Butland, CEO de Highview Power, prevé que las redes combinarán múltiples tecnologías. La hidroeléctrica de bombeo es eficiente pero depende de la geografía; las baterías son versátiles pero duran solo 10 años. El aire líquido, en cambio, almacena energía por más tiempo con mínimas pérdidas.

«Estamos reconstruyendo todas las redes a nivel mundial», afirma Butland. La transición a energías limpias exige adaptar la infraestructura, y el aire líquido podría ser una pieza clave en este rompecabezas.
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