Fallas críticas: La incursión estadounidense en Venezuela expuso graves debilidades en las Fuerzas Armadas del país.
Un reportaje de The New York Times reveló que los sistemas antiaéreos S-300 y Buk-M2, adquiridos a Rusia, estaban desconectados o almacenados durante el ataque, pese a advertencias previas de Washington.
Funcionarios estadounidenses confirmaron que las tropas venezolanas no estaban preparadas para una operación aérea de gran escala, lo que permitió a EE.UU. actuar con impunidad en zonas clave como Caracas.
Sistemas antiaéreos: inoperativos y destruidos
Imágenes satelitales y material en redes sociales mostraron que los ataques se centraron en áreas con sistemas Buk, muchos de los cuales fueron destruidos antes de entrar en combate. En La Guaira, explosiones en depósitos del puerto dejaron al descubierto restos de lanzadores Buk y misiles calcinados, desmintiendo la versión oficial de que eran almacenes de medicamentos.
En Catia La Mar, La Carlota y el aeropuerto de Higuerote, los registros visuales confirmaron que los equipos antiaéreos estaban almacenados y no operativos, evidenciando una mala planificación militar.
Errores tácticos y falta de coordinación
Yaser Trujillo, analista militar, explicó que el radar de detección no estaba activado, las tropas no estaban dispersas y no hubo respuesta coordinada. «EE.UU. enfrentó una amenaza mínima», declaró al medio.
Los sistemas portátiles Manpads, como los SA-24 Igla-S, tampoco cumplieron su rol. Aunque Maduro afirmó tener 5,000 unidades desplegadas, solo se registró un disparo aislado durante la operación.
Rusia y EE.UU.: un acuerdo tácito
Fiona Hill, exfuncionaria del Consejo de Seguridad Nacional de EE.UU., reveló que Rusia dio señales de no interferir en Venezuela a cambio de margen en Ucrania, según The New York Times.
El resultado fue una operación relámpago que dejó al descubierto la vulnerabilidad militar del régimen chavista, con sistemas antiaéreos inutilizados y una defensa aérea inexistente.








