Mito desmentido: Lavar champiñones no arruina su textura ni sabor. Una ingeniera en alimentos explica por qué es seguro y necesario.
Tras la viralización de videos sobre el manejo de vegetales, surge la duda: ¿se deben lavar los champiñones? Muchos evitan hacerlo por miedo a que absorban agua y pierdan su capacidad de dorarse. Sin embargo, la ciencia lo desmiente: no pierdes nutrientes ni textura al lavarlos correctamente.
La ciencia detrás de la absorción de agua en hongos
La ingeniera en alimentos Mariana Zapién aclara que el mito de no lavar champiñones carece de fundamento. Estudios culinarios modernos demuestran que un champiñón lavado absorbe solo un 2-3% de su peso en agua, cantidad que se evapora rápidamente al cocinarlos.
Zapién detalla que lo que muchos confunden con tierra es en realidad un sustrato nutritivo: «Es una mezcla de residuos agrícolas como paja y cereales, enriquecida con nitrógeno y humedad controlada. Este sustrato pasteurizado proporciona los nutrientes esenciales para el crecimiento de los hongos».

El sustrato no es suciedad, pero sí puede contener bacterias si no se manipula correctamente.
Cómo lavar champiñones sin afectar su textura

La creencia de que los champiñones no deben lavarse es falsa. La clave está en el método:
- Limpieza inicial: Retira el exceso de sustrato con un paño húmedo o cepillo suave.
- Enjuague rápido: Pásalos bajo agua corriente por unos segundos para eliminar residuos.
- Evita el remojo: Un contacto breve con el agua garantiza que mantengan su textura al cocinarlos.
Seguridad alimentaria: Riesgos que debes evitar
A pesar de crecer en ambientes controlados, los champiñones pueden contaminarse durante la distribución. Zapién advierte sobre bacterias como Listeria o Salmonella, que representan un riesgo si no se manejan adecuadamente.
- Para consumo crudo: Lávalos y desinféctalos con productos específicos para vegetales.
- Para cocinar: La cocción a altas temperaturas elimina patógenos, haciéndolos seguros.
Secarlos con papel absorbente después de lavarlos mejora su dorado en la sartén, gracias a la reacción de Maillard.
«La seguridad alimentaria no es negociable. Un lavado correcto y una cocción adecuada son la mejor defensa contra enfermedades», concluye Zapién.








