Tendencia viral: Las redes sociales se inundan de videos donde usuarios comunes aparecen junto a celebridades o figuras históricas, todo gracias a la inteligencia artificial.
Detrás de estos contenidos no hay efectos especiales profesionales, sino herramientas de IA accesibles para cualquier persona. Sin embargo, su uso plantea dilemas éticos y emocionales que van más allá de la tecnología.
¿Cómo se crean estos videos con famosos?
El proceso comienza con una foto clara del rostro del usuario, que se sube a un generador de imágenes como Gemini. Allí, un prompt (descripción textual) especifica con qué celebridades debe aparecer, en qué escenario y con qué detalles. Una vez generada la imagen, se repite el proceso para crear múltiples «selfies».
Luego, herramientas como Kling animan estas imágenes para simular movimiento natural, y editores como CapCut las unen en un video listo para publicar en TikTok o Instagram. El mismo método se usa para resucitar digitalmente a figuras fallecidas, como Michael Jackson o Bob Ross, en escenas imposibles.
Estos contenidos hiperrealistas suelen generarse con Sora, el modelo de video de OpenAI, considerado una potente herramienta para crear deepfakes. Su impacto va más allá de lo técnico: toca fibras emocionales y sociales.
Los riesgos detrás de la tendencia
La académica Constance de Saint Laurent, de la Universidad de Maynooth, advierte que estos videos caen en el «valle inquietante«: un punto donde el hiperrealismo genera incomodidad y angustia. «Si recibieras videos de un ser querido fallecido, sería traumático», señala, destacando que estas piezas tienen consecuencias reales.
Las reacciones no se han hecho esperar. Familiares de Robin Williams, Malcolm X y Martin Luther King Jr. han rechazado públicamente el uso de sus imágenes en videos generados por IA. OpenAI incluso bloqueó la creación de nuevos clips con King tras quejas por contenidos ofensivos.
El problema no se limita a celebridades. Hany Farid, experto en ciberseguridad de la Universidad de California en Berkeley, alerta sobre la apropiación de identidades sin consentimiento. «Estas herramientas facilitan las fake news y montajes, afectando incluso a personas vivas», explica.
Para los investigadores, el mayor riesgo no es que la gente crea en lo falso, sino que deje de confiar en lo verdadero. Mientras la tecnología avanza a pasos agigantados, las leyes y regulaciones parecen quedarse atrás.
«La tecnología y las modas van más rápido que cualquier normativa», concluye Farid, dejando en evidencia un vacío legal que aún no tiene solución.








