Los políticos de derecha y los inversionistas en centros de datos afirman cada vez con más frecuencia que las protestas contra los centros de datos están siendo financiadas e influenciadas por el Gobierno chino. OpenAI se sumó al debate el miércoles al publicar un informe en el que describía un grupo de cuentas con origen en China que, según la empresa, habían estado difundiendo mensajes en contra de los centros en las redes sociales.
Sin embargo, los expertos que hablaron con WIRED se muestran escépticos ante estas acusaciones de financiación. También aseguran que es probable que cualquier interferencia extranjera no haga más que agravar las tensiones ya existentes en torno a los centros de datos y la IA en EE UU.
Contra los centros de datos
La oposición local a los centros de datos en EE UU se ha disparado en los últimos meses. Una encuesta publicada la semana pasada por el medio especializado en clima Heatmap muestra que más de la mitad de los estadounidenses apoyan una moratoria sobre el desarrollo de centros de datos. Otra encuesta publicada a principios de junio por la agencia de investigación política británica Public First muestra que el apoyo a los centros de datos en EE UU era el más bajo de los 15 países encuestados.
El rumor de que Pekín está financiando la oposición a los centros de datos ha cobrado fuerza en Washington DC en las últimas semanas. El miércoles, el senador Tom Cotton envió una carta al fiscal general en funciones, Todd Blanche, solicitando una investigación sobre la influencia extranjera “liderada por el Partido Comunista Chino” para manipular la opinión pública. No es el único: los líderes republicanos del Comité de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes enviaron la semana pasada otra carta a la Casa Blanca y al FBI expresando su preocupación por las campañas extranjeras dirigidas contra el desarrollo de centros de datos. Mientras tanto, el secretario del Interior, Doug Burgum, declaró el mes pasado a Fox Business que los lugares que intentan construir centros de datos están siendo “bombardeados” con propaganda extranjera.
Los promotores de centros de datos también se han apresurado a aprovechar estas ideas. El inversor canadiense Kevin O’Leary, que está desarrollando un enorme y controversial centro de datos en Utah, utilizó un gráfico de un informe reciente del Bitcoin Policy Institute, una organización defensora de las criptomonedas, en un video de mayo en el que afirmaba que la influencia extranjera estaba alimentando la oposición a su proyecto.
Graphika, una empresa de análisis de redes sociales, ha estado haciendo un seguimiento de la oposición a los centros de datos en varias plataformas sociales, entre ellas Facebook, Bluesky y TikTok, durante el último año.
Dina Sadek, analista de Graphika, asegura en un comunicado que la empresa “aún no ha visto pruebas de operaciones de influencia organizadas o a gran escala, ni de campañas que puedan atribuirse a un actor extranjero”, con dos excepciones notables. Una es una “red multiplataforma de cuentas” que utiliza avatares generados por IA que comentan una amplia variedad de temas sociales y que mencionan “esporádicamente” a empresas tecnológicas estadounidenses. La otra excepción, según Sadek, son algunas páginas de Facebook que producen imágenes contra centros de datos generadas con IA. Esas páginas, según Sadek, suelen tener administradores con sede en Bangladesh y es posible que solo existan “con fines de monetización”.
El enemigo adentro
“Nuestra investigación en curso indica que son los actores nacionales de EE UU los que lideran el debate en línea contra los centros de datos”, señala Sadek.
El informe de OpenAI incluye imágenes contra los centros de datos generadas por ChatGPT que, según la empresa, se utilizaron como campaña “para amplificar las preocupaciones públicas existentes sobre los precios de la energía y los impactos locales del desarrollo de los centros de datos”. Sin embargo, la empresa señala que “no encontró pruebas de una difusión significativa” de los mensajes contra los centros de datos procedentes de las cuentas que señaló.
El informe del Bitcoin Policy Institute que citó O’Leary es una de las fuentes clave de las afirmaciones de la derecha sobre la influencia china. El informe, al que también hicieron referencia los republicanos de la Cámara de Representantes en su carta, alega que una maraña de financiamiento sin fines de lucro conecta las populares iniciativas contra los centros de datos con financiadores extranjeros, incluido el Partido Comunista Chino.
El informe también indica que los medios de comunicación estatales chinos están “haciendo campaña abiertamente contra los centros de datos de IA de EE UU”. Como prueba, cita artículos y videos sobre la tendencia contra los centros de datos y el aumento de los costes energéticos, dos temas sobre los que los medios estadounidenses y otros medios internacionales han publicado innumerables artículos.
Sam Lyman, director de investigación del Bitcoin Policy Institute y autor del informe, destacó que comenzó a investigar el tema tras un debate público sobre la seguridad de la IA celebrado en abril entre el senador Bernie Sanders y cuatro expertos, dos de ellos de China, sobre la necesidad de la cooperación internacional.
“Fue una operación psicológica tan obvia”, expresa sobre el evento.
No hay pruebas
Sin embargo, los expertos en China e IA que hablaron con WIRED se mostraron escépticos ante las aseveraciones del informe de que Pekín está directa e intencionadamente involucrado en el debate sobre los centros de datos de EE UU. Kyle Chan, investigador del Brookings Institute, resalta que en el pasado reciente se han celebrado debates de alto nivel entre funcionarios y expertos estadounidenses y chinos sobre cuestiones globales igualmente urgentes, como el cambio climático. (Xue Lan, uno de los ponentes del evento de Sanders destacada en el informe, es investigador no residente en Brookings).
“Si buscas a personas destacadas de China que puedan hablar sobre [IA], serán precisamente aquellas que están en contacto con el Gobierno chino y le asesoran, especialmente en el ámbito académico, donde hay un gran intercambio entre expertos académicos y asesores del Gobierno en materia de formulación de políticas”, manifiesta Chan. “La forma en que se plantea puede sonar ciertamente inquietante, pero casi por definición, uno querría que las personas que importan en el debate chino sobre la IA estuvieran allí”.
Graham Webster, investigador del Centro para la Seguridad Internacional y la Cooperación de la Universidad de Stanford, comenta que el informe señala acciones e indicios que no coinciden con otros casos documentados de campañas de influencia chinas conocidas, especialmente en lo que respecta a la cobertura en medios estatales como China Daily, un periódico en lengua inglesa.
“Se ve a los medios estadounidenses cubriendo este tipo de discursos sobre centros de datos”, refiere. “Es totalmente normal que los medios chinos en inglés recojan las noticias que aparecen en los medios estadounidenses. Así es como funcionan las agencias de noticias”.
Tanto Chan como Webster subrayaron que ha habido casos en el pasado en los que actores chinos han amplificado intencionadamente otros problemas sociales que provocaban de forma orgánica disturbios en EE UU, como las protestas en torno al genocidio en Gaza, por ejemplo. Del mismo modo, Lyman, del Bitcoin Policy Institute, reconoce que las comunidades locales “tienen preguntas y preocupaciones legítimas” sobre la IA y el desarrollo de centros de datos.
Aunque gran parte de la oposición en EE UU surgiera de forma espontánea, hay muchas posibilidades de que los actores extranjeros intervengan más pronto que tarde.
“El hecho de que se haya puesto en el punto de mira a OpenAI y a la construcción de centros de datos en EE UU es significativo no porque la operación parezca haber cambiado la opinión pública, sino porque muestra que operadores de influencia procedentes de la República Popular China están probando narrativas contra la infraestructura de IA”, reza el informe de OpenAI.
Chan, del Instituto Brookings, opina que el informe de OpenAI forma “parte de un patrón más amplio en el que los medios de comunicación estatales chinos y los actores vinculados a ellos amplifican las quejas sociales legítimas en EE UU para dejar al país en mal lugar”.
“Sería cauteloso a la hora de estimar el impacto de estas iniciativas antes de ver más pruebas, pero es algo que merece la pena seguir de cerca”, concluye.
Artículo originalmente publicado en WIRED. Adaptado por Mauricio Serfatty Godoy.








