Petro acusa a Trump de injerencia electoral en Colombia por apoyo a De la Espriella

Presidente Gustavo Petro en discurso criticando a Donald Trump por supuesta injerencia en elecciones colombianas

Tensión diplomática: El presidente Gustavo Petro intensificó sus críticas a Donald Trump por respaldar al candidato presidencial colombiano Abelardo de la Espriella, acusando una violación al principio de no intervención en elecciones soberanas.

Durante un acto en el departamento de Córdoba, Petro no solo cuestionó al expresidente estadounidense, sino que extendió sus reproches al secretario de Estado Marco Rubio, poniendo en duda la coherencia de Washington en la lucha contra el narcotráfico. Este departamento, históricamente afectado por cultivos ilícitos y violencia, ha sido epicentro de operaciones antinarcóticos con cooperación internacional, lo que añade relevancia a sus declaraciones.

«No entiendo a Donald Trump ni al señor Rubio. Tienen que definirse. O vamos a luchar contra el narcotráfico o ustedes van a llevar el narcotráfico a la Casa Blanca para hacer leyes sobre el pueblo de Latinoamérica con los mismos narcotraficantes, y yo no lo acepto», declaró el mandatario, en un discurso que vinculó la política antidrogas con la soberanía regional.

El presidente colombiano también desafió abiertamente la posibilidad de sanciones desde Estados Unidos, en referencia a la lista OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros), un mecanismo utilizado por Washington para bloquear bienes de individuos o entidades acusadas de actividades ilícitas. «Me pueden meter 10.000 veces a la lista OFAC y, si me quieren llevar preso, inténtenlo. Pero no bajaré la voz», afirmó, en un tono que combina resistencia política y retórica populista.

Críticas a la migración y la sumisión a EE.UU.

Petro amplió su discurso para criticar a sectores colombianos que, según él, «se arrodillan en Miami», en alusión a figuras políticas y económicas cercanas a intereses estadounidenses. Su mención a los migrantes latinoamericanos encadenados o maltratados en EE.UU. evoca casos documentados de abusos en centros de detención, un tema sensible en las relaciones bilaterales.

«No entiendo esos colombianos que votan por quienes se arrodillan en Miami y permiten que a los colombianos y colombianas los encadenen, los traten como perros», expresó, conectando su crítica con el debate sobre derechos humanos y políticas migratorias.

Contexto electoral: De la Espriella vs. Cepeda

Las declaraciones surgen en un momento clave: De la Espriella, respaldado por Trump, obtuvo 10.3 millones de votos (43.74%) en la primera vuelta presidencial del 29 de mayo, avanzando al balotaje del 21 de junio. Su rival, el candidato de izquierda Iván Cepeda, logró 9.7 millones de votos (40.90%), configurando una polarizada segunda vuelta.

Petro ya había reaccionado el martes al pronunciamiento de Trump, tachándolo de «injerencia» y advirtiendo que «cuando un país interviene en las decisiones de otro, muere la libertad«. Esta postura refleja una línea constante en su gobierno: la defensa de la autodeterminación frente a presiones externas, especialmente de potencias como Estados Unidos.

¿Podrá la acusación de injerencia electoral redefinir el debate en la recta final de la campaña colombiana, o quedará opacada por la polarización interna?

El precedente histórico: EE.UU. y las elecciones en Latinoamérica

Las acusaciones de Gustavo Petro contra Donald Trump por supuesta injerencia electoral no son un fenómeno aislado en la región. Latinoamérica tiene un largo historial de intervenciones —directas o veladas— de Washington en procesos democráticos, especialmente durante la Guerra Fría y en contextos donde los intereses geopolíticos o económicos estaban en juego.

Uno de los casos más documentados ocurrió en 1970 en Chile, cuando la CIA, bajo la administración de Richard Nixon, financió activamente campañas contra Salvador Allende, quien finalmente ganó las elecciones. Tras su victoria, EE.UU. impulsó un bloqueo económico y apoyó el golpe de Estado de 1973 que derrocó a Allende. Décadas después, en 2002, el gobierno de George W. Bush reconoció su respaldo al breve golpe contra Hugo Chávez en Venezuela, aunque luego desmintió participación directa. Más reciente, en 2019, el entonces secretario de Estado Mike Pompeo respaldó abiertamente a Juan Guaidó como «presidente interino» de Venezuela, una postura que varios gobiernos latinoamericanos —incluido el de Petro— calificaron como injerencista.

En el caso colombiano, la relación con EE.UU. ha sido históricamente estrecha, pero no exenta de tensiones. Durante el gobierno de Álvaro Uribe (2002-2010), la cooperación antinarcóticos y militar se intensificó con el Plan Colombia, financiado con más de $10 mil millones por Washington. Sin embargo, críticos como Petro argumentan que esta alianza perpetuó un modelo de seguridad que priorizó la represión sobre soluciones estructurales, como la reforma agraria o la sustitución de cultivos ilícitos.

¿Un patrón repetido o un nuevo capítulo?

Lo que distingue el actual conflicto es el contexto de polarización global: Trump, en plena campaña por su posible regreso a la Casa Blanca, ha hecho de Latinoamérica un escenario clave en su retórica contra el «socialismo» y la migración. Su apoyo a De la Espriella —un candidato de derecha con un discurso alineado al de Trump en temas como seguridad y economía— podría interpretarse como una extensión de su estrategia para replicar en la región el modelo de alianzas conservadoras que ya impulsó durante su presidencia (2017-2021). La pregunta ahora es si esta dinámica escalará a sanciones concretas —como las amenazadas por Petro— o si quedará como un episodio más en la guerra retórica entre bogotá y Washington.

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